Ojo, por motivos de operativa tenemos que reducir el aforo a 60 personas ya que todos deben ver la pantalla. Si no te quieres quedar sin entrada puedes reservarla a través de www.campanadelosperdidos.com o bien a través del móvil en 606692858
El mes de febrero es el mes que dedicamos, normal y tradicionalmente, al humor dentro de la programación de La Campana de los Perdidos. Este año hemos tenido problemas de fechas al congregarse más artistas que días de programación por lo que parte de esta programación humorística se hará también en el mes de marzo.
Y dentro de esta programación de humor hay que destacar el ciclo de cine mudo con pianista que nos acercará Jaime López Coscolla con su buen hacer al piano durante todos los miércoles del mes y un domingo por la mañana en sesión infantil.
Y este ciclo está, fundamentalmente, dedicado al gran Buster Keaton, cara de piedra, como era conocido, por su seriedad al trabajar, seriedad que contrastaba con la escenas cómicas que narraba. Hoy comenzamos con la película El joven Sherlock, del director y actor reseñado.
Para comenzar este ciclo nada mejor que deleitarse con uno de los más celebrados clásicos del cine mudo y uno de los mejores trabajos de quizá el mayor y más aclamado genio de la comedia de ese periodo (con permiso de Charles Chaplin y Harold Lloyd): Buster Keaton. En 1924 dirigió y protagonizó junto a Kathryn McGuire, Joe Keaton y Ward Crane esta joya de la comedia repleta de gags memorables que cuenta la historia de un proyeccionista de cine, un joven soñador que anhela convertirse en detective y que mágicamente se ve metido en una película en la que debe salvar la vida de la chica (¿le suena a alguien alguna trama parecida?).
Un lujo de obra maestra (atención a la escena del billar y al largo periplo en moto) de acción milimétricamente precisa para disfrutar en sus íntegros cuarenta y cinco minutos y para preguntarse, por ejemplo, dónde quedan los comediantes de hoy (Ben Stiller, Adam Sandler, Steve Martin y demás patulea) al lado de genios del arte con mayúsculas como Buster Keaton.
Para comenzar este ciclo nada mejor que deleitarse con uno de los más celebrados clásicos del cine mudo y uno de los mejores trabajos de quizá el mayor y más aclamado genio de la comedia de ese periodo (con permiso de Charles Chaplin y Harold Lloyd): Buster Keaton. En 1924 dirigió y protagonizó junto a Kathryn McGuire, Joe Keaton y Ward Crane esta joya de la comedia repleta de gags memorables que cuenta la historia de un proyeccionista de cine, un joven soñador que anhela convertirse en detective y que mágicamente se ve metido en una película en la que debe salvar la vida de la chica (¿le suena a alguien alguna trama parecida?).
Un lujo de obra maestra (atención a la escena del billar y al largo periplo en moto) de acción milimétricamente precisa para disfrutar en sus íntegros cuarenta y cinco minutos y para preguntarse, por ejemplo, dónde quedan los comediantes de hoy (Ben Stiller, Adam Sandler, Steve Martin y demás patulea) al lado de genios del arte con mayúsculas como Buster Keaton.

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